El 'annus mirabilis' de Lorenzo Silva

El escritor no para. Todavía arrastra el éxito de ‘Castellano’ cuando llega a las librerías ‘La forja de una rebelde’, escrito con Noemí Trujillo. Pero el año no acaba aquí y en los próximos meses leeremos una apasionante historia de soldados españoles y una nueva entrega de Vila y Chamorro. Sobre la guerra señala que “el ejército ruso está saliendo muy malparado en su prestigio y está optando por una mayor destrucción, olvidando el consejo del clásico Sun Tzu de que siempre es mejor mantener un país que destruirlo”

Lorenzo Silva

EFELorenzo Silva

Lorenzo Silva acaba de sacar una nueva aventura de su policía Manuela Mauri, La forja de una rebelde (Destino), pocos meses después de un más que interesante trabajo (¿novela, ensayo, autobiografía? Un poco de todo) sobre las Comunidades de Castilla (Castellano, ibid.). Y para antes de final de año anuncia otros dos: uno sobre las guerras del siglo XXI y el papel de España en ellas, y una nueva salida de sus ya clásicos guardias civiles Aquavelva (perdón, Bevilacqua) y Chamorro. ¿Annus mirabilis? Bueno, en realidad, pandemia y confinamiento, ese binomio que, para tantos intelectuales, ha sido una bendición por la cantidad de tiempo que les ha proporcionado al liberarles de viajes y otros compromisos.

Yo tardo poco en escribir un libro”, dice Silva, “pero me lleva mucho tiempo prepararlos y documentarme. Castellano, por ejemplo, me ha llevado diez años. Pensé que no iba a llegar a tiempo de tenerlo para el quinto centenario de la guerra de las Comunidades, pero pude hacerlo por ese tiempo extra que me proporcionó el confinamiento”. Este libro de género mestizo tiene un par de motivos: una pregunta por la identidad y la pertenencia, algo siempre raro para un madrileño (como el apéndice o un primo muy lejano; se por hecho que se tienen, pero quién piensa en ellos) y algo parecido a una epifanía, la escucha emocionada de un disco de un viejo grupo de la Transición.

Sobre su identidad y su pertenencia empezó a pensar, por oposición, cuando residió unos años en la Cataluña que incubaba el procés y se sintió, o le hicieron sentirse, aunque fuera cordialmente, forastero: Si no soy de aquí ¿de dónde soy? El disco fue la muy hermosa versión que Nuevo Mester de Juglaría hizo del gran poema épico de Luis López Álvarez Los comuneros. Ahí fueron encajando las piezas. Añádase que Madrid, como nos enseñaban en el viejo bachillerato, es Castilla, aunque ahora –orgullosa autonomía- viva de espaldas a ella.

Y que la revuelta comunera presenta, con sus ambigüedades, rasgos indiscutibles de modernidad y progresismo. “Ya sé que hay mucha discrepancia y algunos historiadores la consideran la última revuelta medieval. Pero, fuera lo que fuera, hay que ver también su proyección posterior, y, en ese sentido, es un caso claro de inspiración para movimientos liberales y republicanos. No es una revolución estamental ni antiseñorial, como las medievales, sino transversal; y tiene proyectos de constitución, apoyados en los teólogos de Salamanca y los juristas de Valladolid, que hacen muy difícil minimizarla”, explica el escritor.

Su historia puede parecer lejana, pero los comuneros”, añade Lorenzo Silva, “son la expresión de una necesidad de transformación de la sociedad. Saben que tienen que sustentar jurídicamente lo que están haciendo y, a la vez, mantener el pulso militar. Y fracasan, entre otras cosas, por sus propios fallos”.

La documentación para un libro es, ya se sabe, como un iceberg; la mayor parte no es visible. Pero en la apasionada charla de Lorenzo Silva se intuye la profundidad de la parte sumergida, el esfuerzo y la gratificación de una investigación histórica minuciosa. “No cuestiono la figura de Carlos V, que es como el superhéroe de la historia de España. Cuento lo que pasa entre 1520 y 1522, y los errores que comete el rey, que están a punto de costarle el reino. Luego reflexionó, ayudado en parte por algunos críticos suyos, como Adriano de Utrech o el Almirante de Castilla, D. Fadrique. Este le manda una carta a la que no responde; pero, años más tarde, cuando él a su vez escribe a Felipe II aconsejándole sobre el modo de gobernar, emplea frases calcadas de la carta de D. Fadrique”.

En cuanto a la identidad, uno de los motores del libro, Silva reivindica una que no sea excluyente. “Me interesa ver”, dice, “qué dimensiones de una identidad son accesibles y aprovechables para otros. En el caso de Castilla, me parecen evidentes el idioma y una visión de la dignidad del gobernado frente al gobernante, que el interés del reino prevalece sobre el del rey, una idea que ha impregnado todo el constitucionalismo español”.

Aquello, desde luego, se incubó en las Comunidades y llega hasta nuestro problemático presente. De este presente, marcado por la pandemia y sus consecuencias, trata su novela La forja de una rebelde, escrita –como la anterior de lo que ya es una serie- a cuatro manos con su mujer, Noemí Trujillo. De Ellery Queen al matrimonio sueco Sjöwall y Wahlöö, pasando por los franceses Boileau y Narcejac, estas colaboraciones no son insólitas en la novela policiaca. La pregunta que parece obligada es por el reparto del trabajo. “Hay mucho previo, mucha negociación, de todo, personajes, título. Discutes mucho, pero, con el tiempo, ya sabes lo que ofertar al otro. En definitiva, trabajamos los dos todo y en todos los capítulos está la mano de los dos. En esta novela, los aspectos ginecológicos de la protagonista los propuso, evidentemente, Noemí, pero incluso en eso me meto yo; igual que ella se mete en los aspectos forenses o judiciales que pertenecen más a mi campo profesional. El trabajo es cada vez más fluido y ya no concebimos estas novelas el uno sin el otro”.

Un curioso punto de encuentro de ambos autores en La forja de una rebelde puede ser la figura de Agatha Christie, que a Noemí le gusta más que a Lorenzo, y está presente en la novela a través de su clásico Diez negritos. “Yo soy de la escuela de Chandler”, dice Silva. “Creo que Agatha Christie hace algunas trampas, por ejemplo en Diez negritos haciendo que un personaje piense algo que no puede pensar porque no lo sabe. No es mi taza de té, como dicen los ingleses, pero algo tendrá el agua cuando la bendicen y está claro que es un referente del siglo XX. Tras haberla parodiado en La isla del fin de la suerte, me apetecía homenajearla ahora, quizá como desagravio”.

Fiel al estilo Chandler, Lorenzo Silva suscribe la idea del americano de que la novela negra consiste en un hombre en busca de una verdad oculta. “Y en esa búsqueda hay que recorrer un camino en el que aparecen ramificaciones, desvíos que son útiles para encontrar la verdad y en los que se cuentan otras cosas”.

Esas cosas tienen que ver con el presente y la sociedad del lector: la pandemia y el horror que se vivió en las residencias de ancianos, los oscuros horizontes de los jóvenes, los problemas familiares de todos, la vida en una gran ciudad en la que uno por supuesto que se encuentra con su ex… Y unos policías humanos (¿demasiado humanos?) que, a fuer de serlo, cometen errores. “Cuando se investigan homicidios”, explica el escritor, “siempre hay una dimensión emocional; la hay en el sospechoso y en el que interroga, que no es un algoritmo. Es difícil no empatizar con gente a la que interrogas”.

Pese a las diferencias entre estos dos últimos títulos de Lorenzo Silva, y entre muchos de los que conforman su ya larga y sólida trayectoria, se puede encontrar algún denominador común. “Hago cosas muy diferentes, pero muy conectadas. Me interesa mucho el nudo entre la historia colectiva y las historias individuales, cómo se condicionan mutuamente. Eso se ve claramente en el caso de los comuneros o de las guerras, sea la de Marruecos o la del 36. Y veo algo que no nos gusta reconocer, que la historia contemporánea está muy ligada a la violencia. Los españoles de hoy somos fruto de esas dos guerras, que fueron muy crueles. Y lo mismo se puede decir de Europa. ¿Cómo cuentas la realidad volviendo la espalda a esa historia de violencia, de uso de la fuerza armada, que sigue en el siglo XXI? Ese recurso a la violencia por parte de unos y de otros está en la guerra de los comuneros; y la novela policiaca plasma cómo se despliega la violencia entre las personas”.

Esa violencia estará también en las dos novelas que sacará en los próximos meses y de las que no quiere adelantar mucho. Una será “una aproximación a las guerras del siglo XXI y a la participación de España en ellas; algo que en España no se ha contado, no ya en libros, tampoco lo ha hecho el periodismo; quiero romper ese silencia, entrar en ese yacimiento intacto”. La otra será una nueva salida de Bevilacqua y Chamorro, ambientada en varios escenarios, con dos tramas: una, en el presente, y otra, centrada en el pasado de Bevilacqua”.

Hasta ahí quiere desvelar. A sus muy numerosos seguidores tampoco les harán falta más alicientes para leerlas.

En todo caso, el annus mirabilis acaba de mutar en annus horribilis y es inevitable preguntarle por la guerra que ahora mismo está en marcha en Europa. “El problema de una guerra”, dice Silva, “es que tiene muchos planos; esto es así desde Tucídides. En la actual invasión de Ucrania por parte de Rusia, hay un conglomerado de causas. Está el deseo ruso de conservar o rehacer su imperio, y está el mar de fondo del desequilibrio geoestratégico tras el final de la guerra fría que dejó un sistema muy inestable. Y, por supuesto, la causa económica, que es fundamental; el seguir dependiendo de una energía primaria, que es el arma de Rusia, mientras no se desarrollen las renovables. La paradoja es que estamos en guerra con un país que nos suministra por la mañana un gas que pagamos religiosamente por la noche”.

En cuanto al desarrollo de los hechos bélicos, Lorenzo Silva sostiene que “el ejército ruso está saliendo muy malparado en su prestigio y está optando por una mayor destrucción, olvidando el consejo del clásico Sun Tzu de que siempre es mejor mantener un país que destruirlo”. “En resumen”, añade, “siempre tengo más preguntas incómodas que certezas apaciguadoras; me pregunto, por ejemplo, por la ayuda que estamos prestando a gente que defiende los mismos valores que nosotros,”.

¿Hay una novela en esta guerra? “En todas las guerras la hay. En esta, hay una gran novela sobre las causas que la provocan, y todos los días hay historias concretas que darían para otras novelas, como la del hombre mayor que habría combatido con los rusos en su juventud y hoy toma las armas contra ellos”.

Sobre el autor de esta publicación

Samuel Jiménez

Samuel Jiménez (Madrid, 1980) es redactor en Republica.com. Sus primeros contactos con el periodismo fueron en radio, aunque la mayor parte de su trayectoria profesional está ligada a la prensa digital, primero en Estrella Digital y desde hace cinco años en este diario. El cine es una de sus grandes pasiones y disfruta de esa cinefilia en cada uno de los artículos que escribe sobre el séptimo arte. Buena parte de su trabajo también lo dedica a temas sociales, tratando de que el periodismo haga reaccionar al lector frente a las injusticias.